Mostrando entradas con la etiqueta la espiral del silencio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta la espiral del silencio. Mostrar todas las entradas

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Teoría de la Espiral del Silencio, o cómo se generan los climas de opinión (texto D'Adamo)

Noelle-Neumann propone que las personas que creen que sus ideas coinciden con las de la mayoría o podrían llegar a ser aceptadas por el público mayoritario, tienden a expresarlas abiertamente y a defender en público sus puntos de vista. La contrapartida es que quienes no piensan de esa manera se sienten marginados o temerosos de ser rechazados y por ese motivo prefieren no expresar sus ideas en público.

La inhibición de ciertas opiniones genera la doble imagen de que la opinión que recibe apoyo explícito es más fuerte de lo que en realidad es y la débil, más débil aún.


En sus propias palabras: "Las observaciones realizadas en unos contextos se extendieron a otros e incitaron a la gente a proclamar sus opiniones o a tragárselas y mantenerse en silencio hasta que, en un proceso en espiral, un punto de vista llegó a dominar la escena pública y el otro desapareció de la conciencia pública al enmudecer sus partidarios".


La teoría se apoya en el "... juego recíproco entre la comunicación colectiva, la comunicación interpersonal y la percepción que un individuo tiene de su propia opinión frente a otras opiniones dentro de su sociedad..." y devuelve el poder que inicialmente se le había atribuido a los medios, intentando demostrar que la omnipresencia temática aminora la percepción selectiva.


Sus supuestos explicativos: piensa que por evitar aislamiento social, la gente tiende a repetir o comentar aquellas opiniones a las que percibe como las más populares, mientras que se inclina por suprimir o no manifestar aquellas creencias u opiniones sostenidas que se perciben son impopulares. El miedo al asilamiento sería la fuerza motriz capaz de poner en marcha la espiral del silencio, que llevaría a la reproducción de voces mayoritarias, dado que las personas "... si encuentran que sus opiniones predominan o se incrementan, entonces las expresan libremente en público; si encuentran que tienen pocos partidarios, entonces se vuelven temerosos, ocultan sus convicciones en público y se mantienen en silencio..." intentando evitar de esta manera la exclusión.

martes, 13 de noviembre de 2007

Cartografía de los océanos televisivos. Buceando en el clima de opinión (Cap. 4 D'Adamo - García Beaudoux - Freidenberg)

En los años '70 se recupera la idea de las potentes influencias de la comunicación de masas, con nuevas teorías.

Noelle-Neumann sintetizó el espíritu emergente con relación a los próximos pasos para la investigación: "... Después de 30 años en los que el poder de los medios ha sido puesto de continuo en entredicho... una serie de informes... dan a entender la necesidad de regresar a la idea de que los medios ejercen una poderosa influencia. No se trata de la noción convencional de influencia ni de las efectos que se propagó en un principio. La tendencia... en el análisis consistiría... en centrarse en la forma sutil e indirecta mediante la que los medios forman nuestra percepción del entorno..."

Tomando esto como base, queda definir algunos aspectos de la Teoría de la Espiral del Silencio, o cómo se generan los climas de opinión (en el siguiente post)

lunes, 12 de noviembre de 2007

Ese oscuro objeto llamado opinión pública (D'Adamo-García Beaudoux-Freidenberg)


En el segundo capítulo de su libro Medios de Comunicación, efectos políticos y opinión pública (2000) los autores intentan aproximarse al concepto de opinión pública desde la óptica de diversos pensadores, dividiendo las definiciones en "amplias" y "estrictas".

Para ellos, el concepto propuesto por Noelle-Neumann pertenece a este segundo grupo, siendo la "... aprobación o desaprobación de opiniones y comportamientos observables públicamente..." y continúan "... conjunto de opiniones sobre asuntos controvertidos que pueden expresarse en público sin quedarse aislados...", pues dicen que ella limita el concepto al incluir dentro de su definición la idea de que la expresión de las evaluaciones (aprobación o desaprobación) efectuadas por la opinión pública necesariamente depende de una variable como el temor al aislamiento que pudieran experimentar los potenciales sujetos opinantes, entendiendo aprobación o desaprobación en el sentido de la "censura" de Rousseau o los "juicios morales" de Locke.

Recuerdan que Noelle-Neumann habla de la necesidad de pertenecer a un grupo, a aquél que sostiene la opinión más coherente y consistente, que puede llevar a los sujetos a tomar una opinión estratégica por el hecho de no quedar aislados de los demás. Dicen, de esta manera, las opiniones ingresan en una "espiral del silencio".

Los autores proponen cuatro elementos básicos de la opinión pública que deben precisarse antes de aventurarse a formular conceptos:
1. ¿Qué es opinión?

2. ¿Quién opina? (sujeto)
3. ¿Sobre qué se opina?

4. Ámbito de la manifestación de la opinión.

Preparan además un esquema en el que detallan lo que consideran las particularidades de la opinión pública (la opinión puede ser):

Pública: por su emisor
por su objeto
por su ámbito de comunicación
Política: cuando se refiere al proceso de toma de decisiones
Heterogénea: porque dentro de un mismo grupo pueden existir varias opiniones sobre un mismo tema, porque pueden exister diferentes opiniones entre los diversos grupos acerca de un mismo tema y porque los sujetos que constituyen el colectivo que opina pueden variar issue to issue.
Predominante: porque incluye las opiniones de la mayoría de las personas que componen el público.
Acotada o minoritaria: porque puede imponerse la opinión de unos pocos sobre la de muchos.
Informada: porque las personas se informan del tema acerca del que se va a opinar.
Desinformada: porque las personas se informan del tema objeto de opinión (o lo hacen de manera superficial.

La espiral del silencio. Opinión pública: nuestra piel social

Introducción a la primera edición americana

(Barcelona, Paidós. 2003)

Era un ballet de Gian Carlo Menotti. Lo representaron un domingo en la Residencia Internacional del campus de la Universidad de Chicago. Cris Miller, una estudiante de doctorado de literatura inglesa de la universidad, me había hablado sobre él en la conversación que manteníamos diariamente para mejorar mi inglés. Además de haber dirigido el ballet con una amiga, había aceptado cantar en el coro y bailar. Por supuesto, asistí a la representación.

Esto sucedió en la primavera de 1980, la segunda vez que estuve impartiendo clases en la Universidad de Chicago como profesora visitante de Ciencias Políticas. ¿Por qué me acuerdo ahora de ese ballet? Lo último que esperaba cuando acudí a la representación era que fuese a recibir una lección sobre la opinión pública; pero eso fue exactamente lo que ocurrió. Y también algo más. El crítico que comentó la representación en el Chicago Maroon, el periódico de los estudiantes, escribió que sus ojos se llenaron de lágrimas. Tengo que reconocer que a mí me pasó lo mismo. Pero me gustaría comentar el argumento del ballet para mostrar lo que quiero decir.

En algún lugar, probablemente en Italia, hay una ciudad pequeña con honrados habitantes y un conde y una condesa de un linaje local. Fuera de la ciudad, en un castillo sobre una colina, vive un hombre extraño con ideas sumamente raras. Nunca deja de sorprender a la gente. Quizá sería más exacto decir que en parte los sorprende y en parte los molesta, por lo que prefieren mantenerse siempre a distancia de él.

Un domingo, ese hombre aparece en la ciudad llevando un unicornio con una cadena. La gente no sabe cómo reaccionar. Poco después, sin embargo, se ve también al conde y a la condesa paseando por la ciudad con un unicornio atado con una cadena. Esto hace que todos en la ciudad se compren un unicornio.

Al domingo siguiente, el extraño hombre del castillo aparece repentinamente con una gorgona. La gente le pregunta qué ha pasado con el unicornio. El hombre les dice que se ha cansado del unicornio y ha decidido salpimentarlo y asarlo a la parrilla. Todos quedan conmocionados. Pero cuando el conde y la condesa aparecen también con una gorgona, el asombro se transforma en envidia, y las gorgonas se ponen inmediatamente de moda.

Al tercer domingo, el hombre del castillo se presenta con una mantícora y dice a la gente que ha matado a la gorgona. Al principio los vecinos se escandalizan; pero después todo sigue el curso habitual: el conde y la condesa se libran en secreto de su gorgona, la gente sigue su ejemplo y se impone de inmediato la moda de las mantícoras.

Pasa el tiempo. No vuelve a verse al extraño hombre del castillo. La gente está segura de que también ha sacrificado a la mantícora. Se forma una comisión de ciudadanos para acabar con estos crímenes, y marchan hacia el castillo. Entran en él, pero lo que encuentran los detiene en seco: el extraño hombre está muriéndose en compañía de sus tres animales, el unicornio, la gorgona y la mantícora. El unicornio simboliza sus sueños de juventud, la gorgona, su madurez, y la mantícora, su vejez.

Los habitantes de la ciudad abandonan sus ideas tan rápidamente como las habían adoptado: eran sólo caprichos pasajeros. Para el extraño hombre del castillo, por el contrario, representaban la esencia de su vida. Gian Carlo Menotti titula su ballet: El unicornio, la gorgona y la mantícora o Los tres domingos de un poeta. Me gustaría explicar por qué creo que también podría haberse titulado “La opinión pública”.

Todos nos identificamos con el poeta. Hasta el crítico del Chicago Maroon lloró. El poeta representa nuestra imagen del hombre como un ser fuerte, independiente e imaginativo. Y todos conocemos al conde y a la condesa, superficiales “instituidores de tendencias”, sin ideas propias, pero con la voluntad de ser líderes allí donde se encuentren. Pero a los que más despreciamos es a los que armonizan con la muchedumbre, burlándose al principio de alguien por ser diferente de ellos, aceptando después todas las nuevas modas, y erigiéndose finalmente en la autoridad moral.

Éste es uno de los puntos de vista, y es como siempre se han sentido los extraños hombres de los castillos, los solitarios, los artistas y los intelectuales.

Ahora quisiera ponerme de parte del conde, la condesa y la gente del pueblo. Yo afirmo que al apoyar al poeta negamos nuestra naturaleza social. Ni siquiera pensamos en el esfuerzo que realizan las personas que viven en una unidad social para mantener unida la comunidad. Actuamos como si la posesión de una rica tradición histórica y cultural y de unas instituciones protegidas por la ley no exigiera un constante esfuerzo de adaptación e incluso de “conformidad” para mantener viva esa posesión y seguir siendo capaces de actuar y de tomar decisiones al nivel de la comunidad.

Muchos síntomas apuntan a que no queremos reconocer nuestra naturaleza social, que nos obliga a amoldarnos.

John Locke habla sobre la ley de la opinión, la ley de la reputación, la ley de la moda, que se observa más que a cualquier ley divina o del Estado. Esto se debe a que cualquier violación de la ley de la moda hace sufrir inmediatamente al individuo al perder la simpatía y la estima de su entorno social. Pero parece que ha habido poco interés por investigar las razones por las que esa conducta es esencial para la supervivencia de las comunidades sociales. Por el contrario, todo lo relacionado con la moda adquiere una connotación peyorativa: estar de moda, las locuras de la moda, un capricho de la moda. Llevar un unicornio, una gorgona y una mantícora de una cadena sólo es una manera de seguir la moda.

Obramos como si no fuéramos concientes de nuestra naturaleza social. Aunque el tema de la imitación ha sido tratado por los estudiosos desde que el sociólogo francés Gabriel Tarde escribió sobre él, la conducta imitativa se ha explicado casi exclusivamente como resultado de la motivación de aprendizaje: la transmisión de experiencia como modo de encontrar más eficazmente la solución correcta para uno mismo. Es cierto que este motivo suscita con frecuencia conductas imitativas, pero el motivo de querer evitar el aislamiento, la marginación, parece mucho más fuerte. Tocqueville escribió que la gente “teme al aislamiento más que al error”, cuando quiso explicar por qué nadie en Francia defendía ya a la Iglesia a finales del siglo XVIII. La descripción tocquevilliana de la “espiral del silencio” era tan precisa como la de un botánico. Hoy se puede demostrar que, aunque la gente vea claramente que algo no es correcto, se mantendrá callada si la opinión pública (opiniones y conductas que pueden postrarse en público sin temor al aislamiento) y, por ello, el consenso sobre lo que constituye el buen gusto y la opinión moralmente correcta, se manifiesta en contra.

Estoy a favor del conde y de la condesa porque las ideas del poeta nunca se habrían propagado sin ellos. Ellos son los moderadores, los líderes de opinión que la sociedad necesita, como lo son actualmente en gran medida los periodistas. Y la gente de la ciudad, la gente que sigue a la multitud, ¿qué sabemos de sus sentimiento, de sus sueños? ¿Qué sabemos de lo que sucede en su interior? En público no quieren quedarse aislados. Según John Locke, ni siquiera una persona de cada diez mil es lo suficientemente insensible como para no importarle que el medio social le niegue su aprobación. ¿Cómo se puede continuar paseando con un unicornio cuando ya nadie lo hace? Intentemos imaginarnos una sociedad que constase exclusivamente de solitarios, de extraños hombres del castillo. Una sociedad así, carente de naturaleza social o miedo al aislamiento, es evidentemente imposible. Quizá no simpaticemos con la naturaleza social del hombre, pero tenemos que intentar comprenderlo para no ser injustos con la gente que se mueve con la multitud.

Éste es más o menos el modo en que intenté interpretar el ballet ante mis estudiantes al día siguiente (…)

domingo, 11 de noviembre de 2007

La espiral del silencio

Este tema me llamó la atención desde que leí una referencia a esta teoría de Elisabeth Noelle-Neumann en textos , artículos y citas de autores con los que tuve contacto a lo largo del año, como Irving Crespi (El proceso de opinión pública - Cómo habla la gente), Vincent Price (La opinión pública - Esfera pública y comunicación), Orlando D'Adamo/Virginia García Beaudoux/Flavia Freidenberg (Medios de Comunicación, efectos políticos y opinión pública - Una imagen, ¿vale más que mil palabras?), Daniel A. Sinópoli (Opinión pública y consumos culturales. Reconocimiento de las estrategias persuasivas) o Natalio Stecconi (Ruidos y silencios colectivos. Introducción a las expresiones no verbales de la opinión pública). Además de las inevitables referencias a casos en los que se puede aplicar esta teoría, incluido un trabajo práctico de investigación mediante encuestas que desarrollamos en el mes de septiembre.

¿Quién es Elisabeth Noelle-Neumann?
Nació en Berlín, Alemania, en 1916. Estudió periodismo con Emil Dovifat en Berlín, y filosofía e historia en Königsberg y Munich. Amplió estudios de periodismo en la Universidad de Missouri, Estados Unidos y se doctoró en periodismo en Berlín en 1939. A los 19 años se unió al Partido Nazi y militó activamente, con escritos ideológicos en las publicaciones del momento. Concluida la guerra mundial, cambió su expresión política y ocultó su pasado. Junto con su marido, Hubert Neumann, fundó el Institut Demoskopie Allensbach, que trabajó en encuestas de opinión para la democracia cristiana germana. En 1961 comenzó su trabajo académico en la Universidad Libre de Berlín y, más tarde, en 1964 se trasladó a la Universidad Johannes Gutenberg de Mainz, donde obtuvo su cátedra de periodismo y fundó el Institut für Publizistik, de la que fue directora hasta 1983. Profesora visitante de las Universidades de Chicago y Munich y columnista habitual del Frankfurter Allgemeine Zeitung.


El Pensamiento

Noelle-Neumann, comenzó publicar en los años 60 sus trabajos sobre la formación y evolución de la opinión pública, que, dos décadas después, se presentó como la teoría de la espiral del silencio, según la cual las corrientes de opinión dominantes o percibidas como vencedoras generan un efecto de atracción que incrementa su fuerza final. Los movimientos de adhesión a las grandes corrientes de opinión son un acto reflejo del sentimiento de protector que confiere la mayoría y el rechazo al aislamiento, al silencio y la exclusión. Es más, quienes se identifican con corrientes que pierden vigencia o no tienen el reconocimiento mayoritario, tratan de ocultar sus opiniones. Los individuos, según Noelle-Neumann, tienen un sentido perceptivo de evaluación del ambiente ideológico, de las modas de opinión y de los valores que constituyen valores mayoritarios y minoritarios.


¿Qué opinan sus críticos?

Los críticos de los planteamientos de la pensadora germana creen que su teoría sobre la espiral del silencio está muy relacionada con sus vivencias políticas y que en su propia vida, en la que oculta su pasado nazi, hay una migración y un silencio que expresa el entramado subjetivo en el que basa la reflexión. En todo caso, las ocultaciones y los silencios son, señalan, más probables en los regímenes totalitarios que en aquellos donde la está garantizada la libertad de expresión.


¿Y qué pintan los medios?

El papel de los medios es significativo, en la medida que sus valores de agenda y su papel de habilitador de la presencia o protagonismo contribuye a la percepción social de los climas de opinión mayoritarias o políticamente correctos... El efecto de los medios recobra aquí una importancia mayor a la que habían fijado los sociólogos norteamericanos de los años 50 y 60 (teorías de los efectos limitados). Los medios, a través de sus contenidos, contribuyen a establecer el espacio público de debate y, con ello, el marco en el que se desarrolla la opinión pública. Los silencios de los medios, sus ocultaciones de la realidad, llevan consigo la salida de la escena de aquellos valores y protagonistas que han perdido huella publicada o emitida. Los efectos de los medios son, a juicio de Noelle-Neumann, acumulativos, de modo que su incidencia en la opinión no es inmediata, sino que se va fraguando y consolidando en función del número de medios que avalen una postura y el tiempo que persistan en una posición.


Fuente: Infoamérica